Salía el sol. Rostro cegador entre las nubes,
¿Dónde puse mi pie?
¿Nací antes de esa aurora?
Había hundido mis dedos con toda la intención (de ensuciarme)
antes de la tormenta azul trepidante.
.
Pisamos las ciénegas con la especialidad del día:
oscuridad anónima
¿quién eres tú para nacer?
¿para gritar al mundo tu logro misérrimo,
para danzar y sonreír con los dientes de fuera?
Lluvia avasalladora.
Sonrisas de roca, fundamento mío:
despedazar la tierra,
correr con los pies sucios, y quizás
encontrar el vacío perfecto
para descansar sin el corazón.
Sin el retrato que será vapor
en tu diminuta mano,
en el despertar con los tentáculos
exprimiendo el día,
imaginaciones del mundo sin realizar.
Está el mundo que crece y me deforma
el que alimento, por el que me dejo tocar.
Quiero el caldero, arrojar las caras,
las canciones derretidas
el color ciruela, mi roca
y mi sentimiento matinal.
Brenda Marcela R.M.
martes, 17 de junio de 2014
domingo, 8 de junio de 2014
Los mismos peces
Los mismos peces recorriendo la orilla
sus dientes afilados en mis ojos,
ahí donde llega la histeria desmedida.
Los gritos habituales me llevan al hastío
y tu sombra cansada de los mismos ruidos
dice algo inaudible
¿adiós?
Adiós a las pirañas que carcomen,
reinas del miedo que hierve en mí
los golpes son menos estruendosos,
las lágrimas apenas me encienden
pero viene la pequeñita
con los dientes ensangrentados
viene con la muerte en sus manos,
la muñeca que me dio un girasol
cuando apenas entendí.
Los mismos peces con los movimientos
de ayer, de hace siglos, despedazando
caigo en su juego, en la corriente
vuelvo a gritar, a temer.
Incoloro torrente, desprende la fuerza
de las millones de lágrimas vertidas en sus adentros
estoy aprendiendo a no ahogarme
a desgajarme con amor,
a salir de las aguas sin pirañas en mis ropas,
sin las pirañas de hace años.
Mi desnudez da un brinco,
oh, mi desnudez entre piedras y el brillo de los soles
aquellos que me besan en la locura
de poder salir, ¿podré salir?
Brenda Marcela
sus dientes afilados en mis ojos,
ahí donde llega la histeria desmedida.
Los gritos habituales me llevan al hastío
y tu sombra cansada de los mismos ruidos
dice algo inaudible
¿adiós?
Adiós a las pirañas que carcomen,
reinas del miedo que hierve en mí
los golpes son menos estruendosos,
las lágrimas apenas me encienden
pero viene la pequeñita
con los dientes ensangrentados
viene con la muerte en sus manos,
la muñeca que me dio un girasol
cuando apenas entendí.
Los mismos peces con los movimientos
de ayer, de hace siglos, despedazando
caigo en su juego, en la corriente
vuelvo a gritar, a temer.
Incoloro torrente, desprende la fuerza
de las millones de lágrimas vertidas en sus adentros
estoy aprendiendo a no ahogarme
a desgajarme con amor,
a salir de las aguas sin pirañas en mis ropas,
sin las pirañas de hace años.
Mi desnudez da un brinco,
oh, mi desnudez entre piedras y el brillo de los soles
aquellos que me besan en la locura
de poder salir, ¿podré salir?
Brenda Marcela
miércoles, 4 de junio de 2014
Maldad I
Admitámoslo, la serpiente, la araña, viven aquí, conmigo. Somos una legión. No me esforzaré por darte la vida de flores y azucenas. Me gusta el sonido del grifo cuando se abre y quiero estar desnuda, bañarme. Me imagino andar así por la ciudad, sin ropa, asesinar a los hombres que sean estúpidos. Que me vean, sí, pero que no sean estúpidos. Un par de arañas montaron su casa en mi habitación. Mi corazón tibio late y quiere comer. Me destruyo sin necesidad de alcohol, me preveo de otros mecanismos más lentos que saben bien.
Es cómodo inventarse otro nombre, escapar: Evadné ruge y puede ser bestial. Pero mis pies siguen en las mismas coordenadas. Ruin. Mi cabeza vuela, se revuelca, me destruyo y los pies no se van. ¿Por qué? Las gitanas no huyen de sí mismas. Soy un gato, territorial.
No me pienses, tu cerebro va a derretirse. La marionetas, las malditas marionetas tiritan: hay que ser alguien en la vida alguien que valga la pena, lo dicen una y otra vez mientras se apuñalan. Rómpeme que no entiendo. Prefiero aceptar mi perversidad. Soy perversa desde hace siglos. Cuando a la hoguera me llevaron, ya sabía yo lo que era, una demente con afición por la crueldad. Sin embargo, mi maldad siempre ha sido dulce, cautelosa, no ando en manadas. Mi maldad empieza conmigo misma y termina en otros, es como un manjar, se resbala, se mete, atrapa las mentes y los cuerpo. Siempre de manera lenta y perfecta, siempre disfrutable y adictiva.
Brenda Marcela
Es cómodo inventarse otro nombre, escapar: Evadné ruge y puede ser bestial. Pero mis pies siguen en las mismas coordenadas. Ruin. Mi cabeza vuela, se revuelca, me destruyo y los pies no se van. ¿Por qué? Las gitanas no huyen de sí mismas. Soy un gato, territorial.
No me pienses, tu cerebro va a derretirse. La marionetas, las malditas marionetas tiritan: hay que ser alguien en la vida alguien que valga la pena, lo dicen una y otra vez mientras se apuñalan. Rómpeme que no entiendo. Prefiero aceptar mi perversidad. Soy perversa desde hace siglos. Cuando a la hoguera me llevaron, ya sabía yo lo que era, una demente con afición por la crueldad. Sin embargo, mi maldad siempre ha sido dulce, cautelosa, no ando en manadas. Mi maldad empieza conmigo misma y termina en otros, es como un manjar, se resbala, se mete, atrapa las mentes y los cuerpo. Siempre de manera lenta y perfecta, siempre disfrutable y adictiva.
Brenda Marcela
Quimera
Todo lo que soy, lo que hago, caerá sobre el mundo. La imagen contemplada a través del agua.
La abundancia de mis versos, el carmín de mis fondos, ¡quisiera alcanzar la orilla del desvelo donde se escribió este derrumbe, moronas y ruinas incandescentes!
En este lugar me pregunto ¿habrá otra forma de soñar? otras palabras, sueños que no requieran los viejos adjetivos. Inventar. ¿Habrán sueños plagados de púrpura,donde no intervenga la pobreza de mis bolsillos ni la miseria que muestra sus dientes en la ciudad? ¿Cuáles son los fundamentos de este vagar absurdo? Están en la nada, qué placer. Es el río que murmura, el mar que me acoge, el viento que me arropa sin ni siquiera intentarlo. Es mi facilidad para dejarme ir al instante donde pierdo todo, la esperanza, el sufrimiento, y las calles se amplían, mis manos van a la esquina de la existencia, allá van mis números y mis letras ¿cómo habría de perderlas! Huesos, carne, todos mis vestigios se pierden y los huecos que me habitaron, aquellos que por sólo tenerlos he sido quién soy, pequeñas diásporas, se desvanecen, me desvanezco.
Brenda Marceladomingo, 27 de abril de 2014
Locas (y locos)
La ternura es el manto de mi rostro, tal vez. Soy dulce y puedo romper los dientes como lo hace un caramelo tieso. La marea se eleva dentro de mí, ¿podrán verlo en la mirada? Ana Karenina, la loca de los rizos ensangrentados, me recuerda a la histeria, esa que desde entonces es mi compañera. De noche el volcán hormonal revuelve mi estómago, dilata mi pecho, revienta mis pupilas. Soy fácil presa de los celos, de la confrontación. Pero no me quejo, no hoy. La inmensidad del cielo toca mi piel, abraza mis pechos a través de la ventana, la noche huele a humedad. Ansiedad rústica, se mueve entre mis venas, todas: las de la cabeza, las de mis dedos, las de mis axilas, las de mi sexo.
Anaïs Nin, a veces en ella pienso, en sus amores, en su deseo femenino de donde nace la belleza. De cada letra suya surge un eco, desde la muerte la escucho. Y entre tantos pensamientos ¿Qué hacer con las culpas? ¿Seguiré abrazando los remordimientos de mi
niñez, de mi placer mundano y sutil que disfrutaba en soledad? No. Ya
no serán culpas plagadas de lágrimas, son un recuerdo, parte la roca que conforma mi alma. Cómo podría ser yo sin la pequeña que se restregaba en las sillas de su casa. No podría ser nadie más, de dónde vendría la sed, la confusión y la intensidad hecha poemas.
Mujer: mar rabioso, hogar de peces, tormenta que tira rayos a los cráneos. Encanto. Canto triste y amoroso, abrazador entre el vapor de la noche, a pesar de que la ciudad entera hace ruido.
Me arrellano en la existencia, en esta urbe mal construida tengo mi hogar. Escribo, hago cifras, leo conceptos ¡oh conocimiento! Noticias, información, datos inutiles. Millones de opiniones, ¿quieres mi opinión? No tengo.
¿Que sea crítica? Entonces no necesito masticar el bolo que ya cogieron todos, que ya cogió aquél que siempre tiene una opinión. Descerebrada por no creer en los mismos ídolos, pensadores intachables, lo soy por comenzar en mí, porque en mí apenas inicia la paz.
Noche: preciosos locos desencantados, con la vida en la punta de sus
dedos. Arrollados ya han muerto, Santiago, yo sé que apenas te conozco, pero tu poema lleva mi nombre, y las sales de la estrella me hacen recordarte.
Bestia-flor, alimento y grito, caricia, allá voy. No sé danzar, ni me importa, canto y bailo, me retuerzo a solas. Yo sé que después no habrá tristeza por lo inevitable. Pero canto y pienso en que ese día tal vez los vea, así como ocasionalmente vienen sus voces de las tumbas, de sus versos retorcidos, vendrán a tenderme la mano con su muerte absurda en la boca.
Elegancia para morir, no siempre es posible. Querida Sylvia, de qué otra forma habría de conocerte, si no era a través de tu muerte última, de las lineas que dejaste. Loca, una más, querida, y la de cabellera oscura que habló de peces, y la que sucumbió al mar, y donde hubieron niñas en los poemas antes de las pastillas; el del manicomio sólo durmió, y por supuesto, mi adorable compañero de fragilidad punzante: los amo, allá voy.
BRENDA MARCELA
sábado, 29 de marzo de 2014
Pequeños grises
Los rezos no sirven, los poemas tampoco,
me queda creer en los hombres.
Dedicado a un niño que no conozco:
PEQUEÑOS GRISES
La miseria ya estaba ahí desde hace años
pequeños comiendo sobras
andando en vestiduras grises
ellos ya sabían trabajar
y pedir centavos,
sabían ser ignorados
y sobrevivir,
sabían apenas mirar a los ojos,
y ser pateados.
me queda creer en los hombres.
Dedicado a un niño que no conozco:
PEQUEÑOS GRISES
La miseria ya estaba ahí desde hace años
pequeños comiendo sobras
andando en vestiduras grises
ellos ya sabían trabajar
y pedir centavos,
sabían ser ignorados
y sobrevivir,
sabían apenas mirar a los ojos,
y ser pateados.
La miseria ya estaba aquí desde hace siglos,
pequeños grises
lamiendo el sol de las calles
¡qué adultos de corazón frío serán!
igual que los zapatos que limpiaron
igual que el desdén con que fueron arrojados
ahí donde huele a olvido y desprecio,
¡Qué hombres indiferentes serán!
como quienes los vimos
dibujar círculos de mugre
en los pisos de la ciudad,
serán igual de torpes para llorar
por los que vengan,
para salvar a los que vengan
tal como hemos hecho nosotros.
Brenda Marcela
pequeños grises
lamiendo el sol de las calles
¡qué adultos de corazón frío serán!
igual que los zapatos que limpiaron
igual que el desdén con que fueron arrojados
ahí donde huele a olvido y desprecio,
¡Qué hombres indiferentes serán!
como quienes los vimos
dibujar círculos de mugre
en los pisos de la ciudad,
serán igual de torpes para llorar
por los que vengan,
para salvar a los que vengan
tal como hemos hecho nosotros.
Brenda Marcela
jueves, 13 de marzo de 2014
La música bastaba
La música bastaba
la soledad y el húmedo cuarto
con moho que soslayaba el vidrio,
la oscuridad y los dibujos
de aquellas mujeres que nunca fui,
de esos rostros que jamás seré.
Con la falda encharcada
y mis lágrimas torpes
sobre los cuadernos,
cantaba.
Cuerpo entero
la música bastaba,
el amor a mis oscuros labios
me arrancaban del suelo
a soñar ese artilugio
blanco, perfecto
donde la dulzura tiene encanto
con claros colores,
sabores suaves,
sin codos ásperos
ni pies cuadrados que esconder.
La música bastó y los deseos
pude guardarlos en los cajones,
sellar mis ojos y meterme
de donde jamás he salido
pequeña perra, pequeñita
naufraga en la polvareda del quinto día
azota en las paredes la magia,
ser voraz
más que insaciable, insatisfecha
con los días que mueren
dicen adiós.
Brenda M Ramírez
Nacer
Si hubieses nacido de mi ombligo,
serías mi hijo. El viento no sopla: camina. Si naciste para nada,
nacerás para mí. ¿Nacías para sorprenderme? Hiciste nacer mi
mundo. Si nacieras simplemente, estarías naciendo constante. El
viento no habla: olvida. En la realidad no has nacido. Naces en
mi pensamiento.
Brenda M Ramírez
viernes, 14 de febrero de 2014
Garfio
Ronrronéame al oído, sé un gato
entre mis huesos. Reviéntame que la luz no tiene dirección. He
nacido con un garfio en el alma y te dolerá menos de lo que durará
la vida, los inventos del final no los recordarás. Apenas te conozco, estás
frente a mí y la vida te erosiona, te transforma, de lejos eres una
migaja con sabor a sal.
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