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domingo, 17 de julio de 2016

Ruido y caracol

Tanto mundo es abrumador. Me es imprescindible. Estoy con un pie en su corva, con las manos en su ombligo, escalo cordilleras que son su espina principal. Sobre el mundo, en medio de él. Bocas por doquier, no las entiendo y aquí estoy, queriendo decirme algo.  Nadie dijo 'yo quiero nacer', y al final, los vivos hacen demasiado ruido. Oigo súplicas y hasta las imágenes, las fotografías quieren hablar. Sus opiniones se reproducen y provocan estertores. Los vivos hacen ruido y piden permanecer, entonces, arrojan a sus hijos a la tierra con verdadero deseo. Ahí donde sonríe la vida un poco, de los labios escondidos, salen bebés. Es demasiado. Me refugio en el silencio. Silba a veces el caracol en mi oído. Silbo a veces yo. Mucho ruido. Mejor río. Las voces son estúpidas cuando salen en tropel.

Bren Mar

jueves, 23 de junio de 2016

Florecer

La flor estrechó mi carne con sus raíces. Púrpuras sobrevinieron los brotes.  Dolían. Heladas hojas de vellos finos se prendieron a mis vísceras. Y no es cierto que la luna dé consuelo. Su luz coloreó mis lágrimas mientras la flor crecía. Ceñida a mi vientre contaba sus pétalos, mientras deformaba mi piel de pasta morena. Mi sangre se hizo liviana, la di a borbotones. Era yo un jardín que alimentaba su flor de luces plateadas, de agua sangrada. Era yo algo diferente. Estúpidamente alegre con dolor en luz de luna. La flor sabía serpentear, sabía nacer de la tierra negra bajo mi ombligo.

jueves, 13 de marzo de 2014

Nacer


Si hubieses nacido de mi ombligo, serías mi hijo. El viento no sopla: camina. Si naciste para nada, nacerás para mí. ¿Nacías para sorprenderme? Hiciste nacer mi mundo. Si nacieras simplemente, estarías naciendo constante. El viento no habla: olvida. En la realidad no has nacido. Naces en mi pensamiento.

Brenda M Ramírez

viernes, 14 de junio de 2013

Con la sonrisa


Debería escribir poemas con aves que no caen
con sonrisas en los nacimientos,
familias alegres, de esas que sí hay
en los lugares oscuros de mi nación.

Tengo el alma reventada
herida pero con amor,
agrio y dulce placer que me llena
en mis planes inválidos cada mes.

Iré por ti, rescatando la alegría
—de verás, no está extinta—
lejos del dolor agudo de una tarde sin mamá
lejos del chillido destemplado
que hace eco de la soledad,
sin miedo tóxico en las calles,
iré con la sonrisa que aquí guardo.

Será parecido a mi hogar un martes a las tres
abiertos a los temblores de la tierra
a los rugidos de sus adentros,
dejaremos a nuestras palabras abrazarse.

Y apacibles en la alcoba
comeremos ciruelas del árbol viejo,
te haré nacer con mi sonrisa.

Brenda Ramírez