sábado, 31 de marzo de 2012
Defraudé a los hombres
profundamente
me vi entre ellos,
me vi sin verlos.
No miré sus ojos,
su alma
se quedó en sus lechos.
No toqué sus pasos
ni su fiel lujuria
acepté mi andar,
espasmo puro.
Defraudé a los hombres,
las cobardes ganas
están conmigo.
Un siniestro sacó mi veneno,
me di cuenta:
a los otros
quise quererlos,
que saboreen mi savia
¡Dulce nostalgia!
Defraudé a los hombres,
pobres hombres
el fantasma de su niñez
se extravía
los engulle,
envejece su ternura,
envejezco con ellos.
Felicidad precaria,
desesperación vacua
sin él
sin ellos.
Brenda Ramírez
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