Música de nueces que no llega ni a los pelos del gato que medita sobre el ojo hundido del huevo estrellado, huevo cubierto de pelos grises de felino. Piensa el gato en las flores de los monstruos marinos, ¿serán púrpuras, violetas o sólo de color verde fosforescente? Y se ríe también, mientras lo piensa, de las crayolas que no pintan nada en el aire.
La música de nueces no llega a los pelos de un gato como éste, que se imagina hecho de estambre.
Brenda Marcela
domingo, 7 de junio de 2015
Shiva
Que me pise Shiva, hoy que escribo. Que me golpee mi madre hoy que he hablado y que Dios baje a decirme que estoy equivocada. Mis versos a la letrina, que el amor me viole. Mis dedos en las estrellas, mi vagina en el sol, las lágrimas en los retratos, cuando parecía niño y usaba zapatos de tanque. Que nada quede, ni los deseos de llegar al mundo o de tocarte en el tercer sueño, sin sexo que complique ni profesión que distinga. Nada, ni el vapor o el recuerdo de mi primer llanto, que se diluya en los miles de nacimientos, con o sin bautismo, sin año, día o lugar. Que me aplaste Shiva, hoy que he escrito.
Brenda Marcela
Nací
Nací después de tu boca
tras el olor a crema barata
cuando abrí los ojos
después de la estancia
torcieron mi cabeza
me salieron dientes de enfermo jabalí.
Nací
olvidé insulso pasado
comencé a perder la vergüenza
dejé atrás la seriedad y el recato
anduve
bajo los genitales de la noche estentórea
y el aliento sinvergüenza.
Nací en música obscena
entre la añoranza del mentiroso
jamás hermoso ayer.
Nací
cuando la mañana
engendró en mis labios la rutina
de ruin mujer de ojos vacíos
y esperanza de niña.
Brenda Marcela
Niña incauta
Niña incauta bajo el sol, sueña quimeras salvajes, duendes bien parecidos con alas de abeja, niña que juega la tierra, reconstruye pasteles de lodo, bebe jugos, atropella gusanos.
Girasoles malvados escupen a Dios (se persigna), sueña insectos violadores, un refugio para escudriñarse. La niña se sabe amar, tremenda, con maltratos en el corazón, placer en cada instante (siente sed), la ansiedad la consume en el escondite. Soy la niña que murió hace años. Aunque con pechos de madre y con los pies hechos raíces, sueño bajo el sol.
Girasoles malvados escupen a Dios (se persigna), sueña insectos violadores, un refugio para escudriñarse. La niña se sabe amar, tremenda, con maltratos en el corazón, placer en cada instante (siente sed), la ansiedad la consume en el escondite. Soy la niña que murió hace años. Aunque con pechos de madre y con los pies hechos raíces, sueño bajo el sol.
Espiral caracolienta
En la espiral del caracol no había nada. Sólo estaba él, caracol bajo las hojas, sobre la tierra húmeda. Antes de que el sol resplandeciera, antes de que los padres bajaran con sus hijos al jardín, permanecía el caracol en su escondite, asomando de vez en cuando sus antenas para vigilar el cielo.
Llegaron dos niños riendo, con sus manos llenas de cacahuates, ya amanecía, mas las nubes no dejaban a los rayos del sol brillar. El caracol sacó sus antenas para ver si podía salir de su escondite y calentarse bajo los rayos solares.
No vio el sol. Oyó ruidos, sintió como la tierra tembló y vibró de bajo de él: venían los dos niños jugando a la guerra. Saltaron, se patearon y en el pasto se acostaron apoyándose para jugar fuercitas.
El caracol asomó sus dos antenas, la luz del sol comenzaba a verse a través de las nubes, los niños se tomaron las manos, las apretaron y comenzaron a luchar, el caracol se arrastró hacia afuera, el sol lo saludó con un rayo luminoso, ¡crack! :un niño venció, dejando caer los puños sobre la espiral caracolienta.
Brenda Marcela
Llegaron dos niños riendo, con sus manos llenas de cacahuates, ya amanecía, mas las nubes no dejaban a los rayos del sol brillar. El caracol sacó sus antenas para ver si podía salir de su escondite y calentarse bajo los rayos solares.
No vio el sol. Oyó ruidos, sintió como la tierra tembló y vibró de bajo de él: venían los dos niños jugando a la guerra. Saltaron, se patearon y en el pasto se acostaron apoyándose para jugar fuercitas.
El caracol asomó sus dos antenas, la luz del sol comenzaba a verse a través de las nubes, los niños se tomaron las manos, las apretaron y comenzaron a luchar, el caracol se arrastró hacia afuera, el sol lo saludó con un rayo luminoso, ¡crack! :un niño venció, dejando caer los puños sobre la espiral caracolienta.
Brenda Marcela
miércoles, 3 de junio de 2015
Leviatán
Si
te digo, Leviatán,
que
cierres tus fauces
¿te
irás de mí?
Eres
un desacierto
un
caos completo,
¿por
qué te remueves,
en
mis mares fétidos?
Sal
de aquí.
Brenda Marcela
Rostro
No
te burles
de
la funda de mi rostro,
jamás
he buscado ser
alguien
encantador.
Las
esquinas de mi boca
han
terminado en vituperios
que
se dirigen a mí.
Haré
la noche eterna,
cobijaré
mi delirio de inteligencia.
¡Otra
vez anochece
en
mi turbia cabeza!
reduciéndome
a hormiga,
lanzándome
a las sombras
bajo
el comedor.
Brenda Marcela
Clepsidra
No
soy nada de lo que crees
o
te han dicho.
Soy
un reloj sin prisa,
sin
horas en el alma,
clepsidra
imperturbable,
con
infinita agua.
Brenda Marcela
lunes, 3 de noviembre de 2014
Estampida
No lo sé. Quizás sea un leve ciervo corriendo en el interior, y después, es devorado por el incendio de estas prisas, de este andar. El humo quema y me deja roja, prendida de dolores.
Las nubes abotonan el cielo. Recuerdo su boca pinta de dulces de leche, y viene a mí el olor de no volver. De dejar, de dejarme por kilómetros de ecos reconstruidos, horadados por las horas de mi llanto. Yo no sé decir te extraño, porque mi pensamiento más bien, queda manchado de sus caramelos, queda arrugado de su ceño, de lo insoportable que es cuidar a alguien, procurar su vida con los restos de mi vida, protegerlo de los males, a la vez, que lo expongo a otros desatinos.
Voy a dejarlo subir en las rocas de aquél monte, tapizado de quehaceres, con el aprendizaje oloroso a lo nuevo, a lo incierto, a la emoción de andar por ahí sin la pretensión de ser nombrado en las grandes asambleas. Con el único deseo de abrazar el aire otoñal a la misma hora que todos llegamos a casa, y el copal nos sopla los humores, y el guisado en la estufa remueve nuestro apetito. Los abrazos aquellos van a venir a exprimir mi aliento amargo.
Es un estampida recorriendo mi pecho, va a la garganta. Apenas puedo saber cómo he venido a tejer mis anhelos, el sabor de mis sentimientos. Quiero dejar libre la insistencia de lo mío.Sueño no querer con insistencia nada, aunque tal vez quede muda, y andar así como en quien pienso, con los brazos ligeros y el alma abierta.
BRENDA MARCELA
Las nubes abotonan el cielo. Recuerdo su boca pinta de dulces de leche, y viene a mí el olor de no volver. De dejar, de dejarme por kilómetros de ecos reconstruidos, horadados por las horas de mi llanto. Yo no sé decir te extraño, porque mi pensamiento más bien, queda manchado de sus caramelos, queda arrugado de su ceño, de lo insoportable que es cuidar a alguien, procurar su vida con los restos de mi vida, protegerlo de los males, a la vez, que lo expongo a otros desatinos.
Voy a dejarlo subir en las rocas de aquél monte, tapizado de quehaceres, con el aprendizaje oloroso a lo nuevo, a lo incierto, a la emoción de andar por ahí sin la pretensión de ser nombrado en las grandes asambleas. Con el único deseo de abrazar el aire otoñal a la misma hora que todos llegamos a casa, y el copal nos sopla los humores, y el guisado en la estufa remueve nuestro apetito. Los abrazos aquellos van a venir a exprimir mi aliento amargo.
Es un estampida recorriendo mi pecho, va a la garganta. Apenas puedo saber cómo he venido a tejer mis anhelos, el sabor de mis sentimientos. Quiero dejar libre la insistencia de lo mío.Sueño no querer con insistencia nada, aunque tal vez quede muda, y andar así como en quien pienso, con los brazos ligeros y el alma abierta.
BRENDA MARCELA
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