Ya ves,
largarme no será tan fácil.
Vuelco mis energías en las ansias
y en los recuerdos de quien no eres:
asfalto de la noche de noviembre
donde tu muerte se volvió ácida
y yo una criatura lujuriosa,
que se descubrió aquel instante.
Sabía que me iba gustar la muerte
la buscaba,
yo buscaba la muerte
los basureros me reconocían como suya,
la calle rota con mil pasos en su cara,
las paredes cuarteadas como un viejo,
me decían
¡ven entera o vete!
Largarme
no será fácil
estoy maniatada a las costumbres de un animal
un cómodo sitio
con la templanza careciendo de lugar.
Estoy volviéndome anónima
y endeble
a veces triste porque te reconozco,
pero cuán regocijo tengo
en mi lecho fiero.
¿Largarme?
Si tardé años en encontrarme,
al menos un ojo
y mis piernas,
las sienes y mis lágrimas,
sin la mediocridad latente
acribillando mi silencio,
sin la perturbación de los caminos
rompiendo mis rodillas,
estoy en el sitio idóneo para recibirte
diablo.
Brenda Ramírez
lunes, 15 de octubre de 2012
lunes, 24 de septiembre de 2012
Bestia
Estos días soporíferos dibujan espantos en los humanos. Yo
soy como una bestia, lamentablemente,
sofisticada y ridícula. Quisiera ser una verdadera bestia, hedionda sin pensamientos
helados y dolorosos. Ruin camino de mis pies hendidos ¿Para qué estar a tu
lado como larva?
Me lastimé. Estoy rota, ahí, donde te pierdes, donde me
vulcanizo y después lloro porque me despedí. Me dije adiós, ya
eres otra, no eres nada, mujer que pisa los talones de sus amigas. En
las tardes, cuando te absorbo, nos disolvemos en el anonimato dulce y peligroso. No importa ser nada.
Pero bien podría ser tu mascota, quisiera serlo, disfrutar
de tus manos sin ningún reclamo, sin
ecuaciones ni historia, sólo tus manos, sin mi tristeza y mi razón, sólo tus
manos rasposas en mi pelaje de hembra olvidada.
Brenda Ramírez
jueves, 13 de septiembre de 2012
Cuento irascible
Ya no escupía palabras (por años lo había practicado con ahínco, pero no más).
El odio, la desesperación surgían de mis adentros, desde mi estómago hasta mis piernas, se discurría por mi pecho y mi sexo. Un vértigo excesivo e intangible ¡cómo arrancarlo? Gritar, decir algo de aquel rencor ardiente, no podía. La exasperación me tomaba. Se me dificultaba decirlo, decir cuánto oscuro fervor se balanceaba en mi pecho. Estaba cansada de hablar. Se pudrió mi hígado, después de que mi estómago comenzó a agonizar. Entonces pensé, ¡para qué diablos quiero mi boca? No he de decir jamás una palabra al enfurecer, ¡para qué si no saldrán de nuevo insultos podridos?
Fue precisamente después del mal tiempo, hacía calor. Dejé de hablar, mi lengua se volvió flácida se pegó al paladar y a los dientes. Cogí la aguja curva que usan para coser telas gruesas. Ensarté un estambre de colores, azul, morado y rojo. Me zurcí los labios, los gruesos y largos labios que me encubren el rostro. Callé, para siempre. Qué bonita, como una muñeca antigua. Mis ojos se hundieron en lágrimas y me contemplé durante horas frente al espejo, la sangre manaba alegre. Recordé, —mientras el sol amarillento se colgaba de mi piel, mientras mi reflejo era algo difuso por la vejez y suciedad del espejo —, cuando le dije a mi triste perro humeante que lo odiaba, que odiaba al mundo. Entristeció desde entonces la habitación.
El odio, la desesperación surgían de mis adentros, desde mi estómago hasta mis piernas, se discurría por mi pecho y mi sexo. Un vértigo excesivo e intangible ¡cómo arrancarlo? Gritar, decir algo de aquel rencor ardiente, no podía. La exasperación me tomaba. Se me dificultaba decirlo, decir cuánto oscuro fervor se balanceaba en mi pecho. Estaba cansada de hablar. Se pudrió mi hígado, después de que mi estómago comenzó a agonizar. Entonces pensé, ¡para qué diablos quiero mi boca? No he de decir jamás una palabra al enfurecer, ¡para qué si no saldrán de nuevo insultos podridos?
Fue precisamente después del mal tiempo, hacía calor. Dejé de hablar, mi lengua se volvió flácida se pegó al paladar y a los dientes. Cogí la aguja curva que usan para coser telas gruesas. Ensarté un estambre de colores, azul, morado y rojo. Me zurcí los labios, los gruesos y largos labios que me encubren el rostro. Callé, para siempre. Qué bonita, como una muñeca antigua. Mis ojos se hundieron en lágrimas y me contemplé durante horas frente al espejo, la sangre manaba alegre. Recordé, —mientras el sol amarillento se colgaba de mi piel, mientras mi reflejo era algo difuso por la vejez y suciedad del espejo —, cuando le dije a mi triste perro humeante que lo odiaba, que odiaba al mundo. Entristeció desde entonces la habitación.
Permanecí pertrechada en
el fondo de mi oscuro yo. Pronto creció más mi locura irascible hacia todos, incluso hacia mi ridícula cara. Mutismo absoluto. Cuando quise hablar ya no se pudo. Ahora mi
boca tenía un adorno bello. Nada de palabras o silencio, sólo colores.
Brenda Ramírez
viernes, 7 de septiembre de 2012
Confesión 1. En 4 partes
I
Es la luna inconclusa de tus desvelos, con té limón dentro
de la arcilla. Me astillaste las manos. Cruel: tú . Tu desfachatez estimula mi llanto. No creo en nada. Entraste
con rencor, ¿para qué? Soy tuya desde que me atreví a mirarte. Algún día me
arrancaran de tu dominio, desde la raíz dibujada en mis dedos deformes y
gruesos.
II
Escucho un discurso, allá a lo lejos, de la llamada civilización, de
la famosa dignidad. Escucho unas voces, aquellas del orgullo y la separación.
Alégrate, ya te irás.
III
Me dejas estancada en el suelo de los sauces que no existen
aquí, en la tierra infértil donde los gusanos viven en armonía y se comen las
florecillas, aquí estoy mientras me abofetea el viento y me escupen las ráfagas
de enero, mientras me olvidas .
IV
¿Para qué esforzarme en tu estancia entre mis piernas
ancladas en azufre? ¿Para qué, si el fin se dibujó con la sonrisa malévola en
un principio? Yo, siempre ridícula,
construyendo la guillotina con palitos. Sin dormir.
Brenda Ramírez
martes, 4 de septiembre de 2012
Notas de hartazgo: 2
Hoy, amante sin correa, desperté. Creí encontrarme con Li en la cama.
Fue otro sueño para ti. No hay nada.
Sólo sé afilar mis dientes, no temas, ¿cómo podría hacerte pedazos, bellísimo?
Corro constantemente como can en brama y la luz del día, ay la luz del día, me dispara.
Hoy huí, quise esconderme, tener cariño: ¡Qué pena!
Estoy descubierta, desnuda sin maneras sutiles para hacerme querer.
Desperté con voluptuosas ganas. Decayó el día y mi vileza de hembra.
Una cara enjuta y un hacha, ya no me hacen falta.
Blandiendo está mi alma...
Haces ruido al morir. Esto no es un sueño, soy yo, viéndote caer.
Te espero, mi cadena estaba en el cuello.
Brenda Ramírez
domingo, 2 de septiembre de 2012
Mi lenguaje no es eterno
Va a caer…
Por un diáfano cordel
Serpenteará tu nombre
Estará sobre mi cuello
Hoy sobre mi sexo
Tipo mío
He mascado tu sonrisa
¡Cuántas
veces!
Vislumbré la fiel hilera
De pasos perdidos
Y callejones prósperos para imitar
Pero no quiero
y acaso en esa idea
Mi pez
Mi espera
Se van contigo
A donde sea
Compárteme tu muerte lenta
Compárteme tu muerte lenta
Y tu sonrisa sincera
¿Quién eres
desconocido?
Tus manos me son familiares
El ardor en tu voz
Como mi oblongo grito
Bajo el suspiro de la noche
Usas tenis
Para correr sin miedo
¿Por qué no me dejas alcanzarte?
Brenda Ramírez
domingo, 26 de agosto de 2012
Me hallé tibia y sola
Me hallé tibia y sola.
Hey, grité, ¿hay alguien ahí?
Nadie, respondió mi pequeña yo encerrada
la que me atiborra de palabras, nadie.
Descubierta entre la mediocridad que crié, abrí mis entrañas, la carne y la nada.
Me encontré vagando, insegura, con la vida sobre los labios.
Me descubrí mujer. Con una talega muy llena en las manos, con los pies anclados.
Bajo un fétido verde mar.Desgraciado.
Me encontré con el gozo en los pechos.
Con la vergüenza moribunda entre las piernas
Sola, con la embriaguez del oscuro Hado.
Me hallé. Aún no sé dónde.
Brenda Marcela
Hey, grité, ¿hay alguien ahí?
Nadie, respondió mi pequeña yo encerrada
la que me atiborra de palabras, nadie.
Descubierta entre la mediocridad que crié, abrí mis entrañas, la carne y la nada.
Me encontré vagando, insegura, con la vida sobre los labios.
Me descubrí mujer. Con una talega muy llena en las manos, con los pies anclados.
Bajo un fétido verde mar.Desgraciado.
Me encontré con el gozo en los pechos.
Con la vergüenza moribunda entre las piernas
Sola, con la embriaguez del oscuro Hado.
Me hallé. Aún no sé dónde.
Brenda Marcela
domingo, 19 de agosto de 2012
En un puente
Te amo
Y te temo tanto
Padre
Hermano mío
Amante inmisericorde
Observo
En la reverberación del día
Yaces en un puente
Con la daga en la mirada
Y la limosna en el alma
Pequeño
¿Cómo sobrevives en este sitio
Donde no nos queda humanidad
Ni en los dientes?
En quién confiaremos
Hoy que las calles
Se mueven de llanto
Que soy olvido
Como tú
Vendiendo dulces
En el camino
Hombre deforme
Desconocido
Abuelo dime
¿Fuiste acaso como este niño?
Brenda Ramírez
miércoles, 15 de agosto de 2012
Notas de hartazgo 1
Te
daré un nombre, arrancado de la luz que se esconde bajo mi cama. Escupiré tu
pasado con mi cadavérica palabra sinusoidal. No te hago ni cosquillas, ¿verdad?
Moleré la desesperación, me dejó con pocos dientes, debo aplastar los celos,
incomprendidos asesinos que tan mala fama tienen. Ya me equivoqué contigo. Hablé
a mi antigua mujer, me respondió como siempre, cien versos en una hoja dorada.
Tú, me matas con la daga que te enterré, ni un verso de tu mano o de tu boca
empastada. Por eso me arranco la mirada. En un poema preliminar, derroché mi
corazón al fondo de un gran peñasco… ¿quién
se lo comerá? Búscame aunque no quieras.
Búscame en el funeral de la monja que conocí ayer, te invitaré un cigarro para
que me mires, amor mío. Y si te da asco el beso de mis labios rosas, no
importa, los besos pasan desapercibidos ante la locura de mis manos, ¿no ves?
Brenda Ramírez
Brenda Ramírez
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