miércoles, 4 de enero de 2017

Duerme

Él descansa a mi lado, permanece imperturbable. Aquella noche plagada de destellos y de gritos está lejos. Su noche es adornada por mi brazo que sostiene su cabeza y los perros que ladran a ratos para mostrarse bravos. Duerme, él es bello y sus exigencias simples, vitales aunque a veces no sé qué hacer;  deambulo, doy vueltas, pienso y deshago. Pero no es tan difícil abrazarlo. A mi lado sonríe durmiendo. Tiene suerte de aún no saber nada del desbarajuste terrenal. En la noche otros tiemblan y entierran muertos. Mi bebé duerme. Un día lamenté darle este paisaje amargo, incluso los gatos parecían emitir vituperios. Las calles descompuestas y mi interior temeroso que comprende poco. Lloré, luego dormí junto a él ( su sueño es profundo, arrasador). Descansamos largo rato. Al abrir los ojos nada había cambiado: ni los hombres y su rostro enjuto, ni la actitud resentida de las mujeres, parecía que la hostilidad persistía igual que mi ignorancia. Noté, sin embargo, sus pequeñas manos, las líneas de sus dedos me resultaron simpáticas, parecidas a las de la cáscara de nuez. Era lindo aun con sus uñas dando indicios de mugre y el olor a leche. Me buscaba con su boca, la única manera en que ahora siente paz, y de regreso me obsequia un poco.

Bren Mar

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