Trabajo con residuos, sobras, desperdicios, ¿por qué los
olvidan? Las notas sangrientas de los diarios ocultos en el baúl, me piden
auxilio: los rescato, les doy color. Estoy atando brazos desprendidos, cabezas
perdidas, deshago heridas. La imaginación violada, los sueños en el caño
de Dios, gritan, ¡hey, no me olvides!
Me distraigo, te busco en la neblina, tal vez tú— con tu
espíritu embustero—, construirías mejores cosas, ¿llegarás? Seguramente haces
música en los barrios demacrados, amaestras hormigas y sonríes a las chicas que
lloran frente al vagón. (La tristeza huele a ti, a los libros que jamás leeré).
Vuelvo a mi labor. Con pedazos de entusiasmo, con olores vagabundos,
trato de hacer muéganos con mil hombres, para aventárselos en la cara a
cualquier matón. Todo se ha vuelto un desperdicio, mi tiempo perdió sabor, te
espero y pienso… le haré un collar a mi hermana, con las lágrimas de la
imaginación.
Brenda Ramírez
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