Quise romper mis huesos
en el asfalto
que alguna vez pisaste,
donde tus lágrimas discurrieron
entre los orificios
y la basura de las calles.
Ahí dejaste tu alma
olvidada,
olvidada,
pegada en las alfombras
de suciedad y desolación,
calles pérfidas de un México
que agoniza y se estremece.
Ciudad con vidas pululantes
masacradas en su orgullo,
con viudas epilépticas,
enardecidas,
demolidas en su andar seguro.
Engendraste tu herida
tú, tu honda
herida
ahí te erigieron
no sé cuántas,
no sé quienes
pero derrumbaron tu cráneo,
destruyeron tu estirpe.
Recorriste los espacios
pintados de llanto
hasta que por accidente
besé las inasibles turbulencias
que se asían en tu pecho.
Quise romperme en el asfalto
y terminar ahí
donde alguna vez te acabaron,
fue insuficiente.
Te conocí.
Brenda Ramírez
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